jueves, 12 de julio de 2012

Maletas


Un día de estos me recopilaré a mi misma en este blog, trasladaré las notas de los cuadernos de estos últimos meses a modo de fragmentos de mí, con la soberbia de todos los que escriben pensando que a alguien le importa lo que tienen que decir. Hoy no, hoy camino con 10 kg de arena para gatos al hombro. Pesa, pero no tanto como otras cargas.

Todos llevamos con nosotros una maleta. Conforme pasa el tiempo se va llenando. De lo bueno, de lo malo, de paisajes, de caras, de calles, de las pequeñas reconciliaciones y traumas que nos deja cada día. Ese es nuestro equipaje.

Cuando quedas conmigo, echamos un polvo, te quedas dormido y cuando te despiertas lo único que me dices es "Me voy a casa", salen de mi maleta todos los hombres que cogieron la costumbre de quedar conmigo sólo para follar y luego largarse.

Sé que al menos tú te acuerdas de cómo me llamo. Después de tanto tiempo y tanta llamada desde el otro extremo del mundo, eso lo sé. Sé que tú no vas a desaparecer, simplemente porque no puedes alejarte demasiado y eso lo hace todo aún más complicado. Quizás no sea tu caso. Quizás esto sólo ha sido casualidad. Y quizás si te pregunto si de verdad te gusto o sólo te entretienes... no me guste la respuesta. Así que no pregunto.

Sé que no entiendes mi reacción. No tienes la culpa de lo que llevo en la maleta. Pero yo tampoco sé cómo aligerarla.

En otro tiempo esto no me habría dejado dormir. Hoy no. Que las maletas pesen no siempre es malo. También sirven como punto de apoyo.

sábado, 18 de febrero de 2012

Punto y aparte

Tras un par de meses de encuentros esporádicos, polvos morbosos y, en definitiva, sadomasoquismo sin compromiso, del que se tiene para pasar el rato, nunca me había pedido nada realmente importante.

Nunca pidió leer nada que hubiera escrito, así que nunca sabrá de estas líneas.

Nunca pidió tiempo, así que no me agobié.

Nunca pidió que no le juzgara, así que no me molesté en hacerlo.

Lo único que pidió fueron esos ratos en lo que no tenía que pedir nada, en los que podía golpearme cuando quisiera y como quisiera, y en definitiva, eso es tan sencillo de conceder.

Era un entretenimiento perfecto, sin segundas derivadas y sin complicaciones.

Era el momento de decir "Estimado Señor, esto se ha acabado"

martes, 14 de febrero de 2012

La caja de herramientas


Cuando me fui del piso en el que vivía con mi ex, mi padre me regaló un maletín con una taladradora y un par de utensilios más. Me dijo "Necesitas tus propias herramientas". Es una frase totalmente intrascendente para cualquiera pero que yo entendía a la perfección. Él quería decirme "No necesitas a nadie". Luego me ayudo a montar todos y cada uno de los muebles en mi nueva casa, con mis nuevas herramientas. Entonces quería decir "Y a pesar de todo, siempre estaré ahí".

Es viernes. Cinco y media de la tarde. Parada de autobuses de Villalpando. Este fin de semana huyo de Madrid. Huyo de las prisas, del trabajo, de mi jefe, de todos los dominantes de la capital, los que no conozco ni nuca conoceré y los que he conocido estos últimos meses. De todos ellos tengo un osito de gominola, una cicatriz en una pierna y varios psicoanálisis completos. Tengo la sensación de que lleváis tanto tiempo siendo amos que se os ha olvidado ser otra cosa.

He recordado por qué odio que me psicoanalicen. Mi memoria ha vuelto a los psicólogos infantiles, orientadores de instituto y sus mierdas de test impresos en papel reciclado. Desde entonces, que me psicoanalicen me resulta igual de intrusivo que una rectoscopia.

De hecho, mientras apuro mi cigarrillo en los minutos de aire fresco que nos regala el conductor de la linea, pienso en comprarme mi propio diván y dedicarme yo al psicoanálisis. Coger mi caja de herramientas y tomar el control. Todo el control.

viernes, 20 de enero de 2012

Manzanas y BDSM


Una vez asé manzanas para mi antiguo amo.

Ese día entrelacé mis dedos con los suyos después de acostarnos.

Me ordenó que me vistiera, me acercó a la parada de metro más cercana y me dijo que no se me ocurriera enamorarme de él.

Han pasado más de tres años.

No he vuelto a asar manzanas.

El BDSM sin manzanas sólo son polvos morbosos.

viernes, 13 de enero de 2012

Se está nublando


Zumbido de equipos eléctricos. Tono de llamada. Voz, voz, voz. Fotocopiadora. Fotocopiadora. Estornudo. Teclea, teclea, teclea. Zumbido de equipos eléctricos. Tono de llamada.

- Hola, soy tú y te llamo desde lo más profundo de tu subconsciente.

- Disculpe se ha confundido, esto es  una empresa de ingeniería y yo no quiero comprar nada.

- ¿Y qué hacéis en esa empresa?

- Soluciones rápidas al peso.

- ¿Soluciones rápidas?

- Si, somos a la ingeniería lo que McDonalds es a la gastronomía.

- Entiendo. Yo es que tengo un inquietante mensaje personal para ti.

- Pues es un alivio, ya pensaba que quería Usted poner una incidencia a la plataforma online.

- Mira se está nublando. Aquí no hay ventanas pero lo siento igualmente. Se acerca el inverno, otra vez. Otra vez como hace tanto tiempo. Las luces de la ciudad se elevan sobre ti, la gente pasa a tu lado pero no te ven, las sombras te envuelven y entre ellas el único punto de luz es un cigarrillo encendido, olvidado entre tus dedos. Bienvenida de vuelta. Todo empieza, todo acaba. Busca en el horizonte los almendros en flor, cuando los veas será primavera. Pero ten en cuenta, que el invierno puede ser muy largo.

- Ostias, oiga ¿esto se lo tengo que reenviar a 20 contactos y si no lo hago no volveré a echar un polvo nunca jamás o algo así?

- Joder, ¿es que tú nunca te enteras de nada?

Fotocopiadora. Fotocopiadora. Zumbido de equipos eléctricos. Alguien grita ¡Que se ha vuelto a caer el jodido servidor!. 

Ya voy, ya voy, ya voy...

domingo, 8 de enero de 2012

Haciendo el idiota


Hoy voy a poner a prueba mi capacidad de hacer el idiota. One more time. Yo no me rindo. Mi idiotez no tiene fin. Cada día más idiota, cada día más mema. Si, habéis acertado, voy a mandarle un mensaje al chico del cuento de navidad, a pesar de que sé que si quisiera volver a verme ya me habría escrito él. Y además, si habéis seguido un poco el blog pensareis ¿Por qué va a volver a quedar con él, si es vainilla y esta chica estaba buscando otra cosa?

Obvio. Porque soy idiota.

sábado, 7 de enero de 2012

Cuento de Navidad


Nueve y media de la mañana, mi madre parece poseída por el espíritu de Carrie al otro lado de la línea telefónica. Dios, acabo de teletransportarme de vuelta a los 16 años. Hace ya años que no vivo con mis padres y había olvidado estas reconfortantes charlas matutinas, era sin embargo previsible que, pasando unos días navideños en su casa y saliendo una noche y no estando de vuelta al amanecer, el espíritu de Carrie volviese con nosotros.

Creo que fue el último brugal con coca-cola el que nubló mi capacidad de previsión.

Esa copa la pedí cuando decidí mandar a la mierda a un anormal que cometió el error de, después de empezar a besarme, decir una enorme gilipollez. En ese momento el karma decidió premiarme por mi contribución a castigar la estupidez humana y me envió con una amiga a pedir una canción al DJ.

Ese hombre tenía una conversación agradable.

La conversación era de hecho, tan agradable, que se prolongó hasta que cerraron el bar, siguió de camino a su coche y continúo hasta que paró enfrente de la casa de mis padres. Los dos besos de despedida se convirtieron en tres y de entre todos me quedo con el tercero, interrumpido por un "¿Y si en vez de dejarte aquí te rapto? y un "Si, por favor"

Lo que vulgarmente se llama química se tradujo en una pelea de mutuo acuerdo entre las sábanas en la que por breves momentos llegue a dudar si estábamos follando o haciendo el amor. Y yo sé bien que eso es algo caro de encontrar una noche cualquiera, de esas en las que la última copa te nubla la capacidad de previsión.

Sí, vuelve a hacer eso otra vez que no sabes lo que me ha gustado. Es una pena que ya estemos desnudos y no puedas volver a quitarme la ropa y decirme que soy un espectáculo justo cuando pierdo la última prenda.

Y ahora que ya estamos agotados, voy a dejarte que me abraces así, y que me beses la nuca y que me toques el pelo. Pero sólo porque son las ocho de la mañana y estoy demasiado cansada para pedirte que no lo hagas y porque no recuerdo qué he hecho con las bragas así que no puedo volver a ponérmelas y largarme. Y en el fondo, también te dejo porque los tíos que vienen a mi casa últimamente, se acuestan conmigo, se visten y se van, mantienen mi entrepierna en forma pero me tienen esa válvula que la gente llama corazón, y que yo tengo situada por error en la boca del estómago, seco como un mes de Agosto en mi ciudad natal.

Abrázame hasta que ese absurdo politono me despierte a las nueve y media de la mañana para devolverme a mis lejanos 16 años y al frío enero del 2012.

Es muy duro ser romántica y ninfómana a la vez.