jueves, 12 de julio de 2012

Maletas


Un día de estos me recopilaré a mi misma en este blog, trasladaré las notas de los cuadernos de estos últimos meses a modo de fragmentos de mí, con la soberbia de todos los que escriben pensando que a alguien le importa lo que tienen que decir. Hoy no, hoy camino con 10 kg de arena para gatos al hombro. Pesa, pero no tanto como otras cargas.

Todos llevamos con nosotros una maleta. Conforme pasa el tiempo se va llenando. De lo bueno, de lo malo, de paisajes, de caras, de calles, de las pequeñas reconciliaciones y traumas que nos deja cada día. Ese es nuestro equipaje.

Cuando quedas conmigo, echamos un polvo, te quedas dormido y cuando te despiertas lo único que me dices es "Me voy a casa", salen de mi maleta todos los hombres que cogieron la costumbre de quedar conmigo sólo para follar y luego largarse.

Sé que al menos tú te acuerdas de cómo me llamo. Después de tanto tiempo y tanta llamada desde el otro extremo del mundo, eso lo sé. Sé que tú no vas a desaparecer, simplemente porque no puedes alejarte demasiado y eso lo hace todo aún más complicado. Quizás no sea tu caso. Quizás esto sólo ha sido casualidad. Y quizás si te pregunto si de verdad te gusto o sólo te entretienes... no me guste la respuesta. Así que no pregunto.

Sé que no entiendes mi reacción. No tienes la culpa de lo que llevo en la maleta. Pero yo tampoco sé cómo aligerarla.

En otro tiempo esto no me habría dejado dormir. Hoy no. Que las maletas pesen no siempre es malo. También sirven como punto de apoyo.

2 comentarios:

  1. HAS VUELTO!!! ME ALEGRO MUCHO DE ELLO!!!

    HAY MUCHOS HOMBRES DE PASO,,,, PERO TEN EN CUENTA QUE HABRÁ ALGUNO QUE QUERRÁ QUEDARSE, NO HACE FALTA QUE LE PREGUNTES,, VERAS COMO AL FINAL SABRAS LA RESPUESTA.

    UN GRAN BESAZO PRUNUS DULCIS!!!

    ResponderEliminar
  2. Espero que encuentres motivación y/o inspiración para volver a escribir ;)

    ResponderEliminar